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*** Los
comienzos de Fernando Birri ***
Por Jorge Ruffinelli*
Hacia 1961 los antecedentes cinematográficos de Fernando
Birri eran inusuales, si algún término les fuera
pertinente. Sus actividades vinculadas a la cultura habían
estado encaminadas hacia la poesía y el "teatro
de títeres" (fundó y dirigió en
esta última actividad, "El Retablillo de Maese
Pedro").
Photo courtesy of J. Ruffinelli |
En rigor, si alguna formación académica tuvo
entonces fue la que le dio Europa con su viaje a Roma en 1950,
donde estudió en el Centro Sperimentale de Cinematografia
(1950-1952), casi coincidiendo allí con Gabriel García
Márquez (1954) y con Tomás Gutiérrez
Alea y Julio García Espinosa (ambos de 1951 a 1953).
La experiencia romana fue tan importante en los cincuentas
como más tarde, cuando estableció en Roma su
domicilio. En ese primer viaje filmó un documental,
"Selinunte", y fue fugaz actor en una película
italiana (Gli sbandatti, 1955, de Francesco Masselli),
asistió a Carlo Lizzani en Ai margini della
metropoli (1953), a Vittorio de Sica en Il tetto (1954),
y luego, con Emilio Indio Fernández, reescribió
Las abandonadas en 1955. En realidad eran todas éstas
actividades múltiples de un aprendiz.
Entonces regresó en 1956 a Santa Fe de la Vera Cruz.
Tenía 30 años y el deseo de insertarse productivamente
en el medio. Fundó el Instituto de Cinematografía
de la Universidad del Litoral, y ese título, que podría
sonar presuntuoso dada la escasísima infraestructura
y la ambición desmedida e ilógica de hacer cine
en provincias -y no en Buenos Aires-, se acompañó
sin embargo de un proyecto intermedio al cine que dio magníficos
resultados. Me refiero al fotodocumental, una verdadera exposición
secuencial de fotografías, sobre un tema, que hoy podrían
considerarse storyboards de films en su etapa preparatoria.
Y eso era en efecto el fotodocumental, porque pronto dio paso
a una película notable: Tire
dié (primera encuesta de tema social) y a otros
18 documentales (de diferentes directores) realizados en el
plazo de cinco años, así como al primer largometraje
de Birri, Los inundados.
Los jóvenes santafecinos consiguieron atraer la atención
de críticos y público incluso sobre esos materiales
preparatorios que aún no se justificaban en obras fílmicas.
Entre otros comentarios, el de Tomás Eloy Martínez
resultó significativo porque encontró allí
un proyecto nacionalista: "El país, o al menos
un rostro del país, respira en las imágenes
de estos futuros films. Haber descubierto ese rostro, hablar
con las mismas palabras que le hemos oído [a Birri]
alguna vez en lo vivo, no sólo es importante: es insólito".
Más insólito era, ese mismo 1958, que recibieran
el siguiente comentario escrito del célebre documentalista
y teórico británico John Grierson, que había
visto la exposición en Montevideo (durante el III Festival
del SODRE): "Es un espléndido ejemplo de método
de enseñanza y el primero que he visto que contribuya
tan simplemente y tan bien al aprendizaje de cómo hacer
un film. Ustedes van a la raíz de esta materia captando
las imágenes esenciales y forzándolas por medio
de los epígrafes a entregar su contenido. Es ésta
una contribución notablemente simple pero a la vez
profunda".
Tanto Tire dié como Los inundados fueron
preparados como fotodocumentales. Cuando en 1961 Birri reunió
diversos textos (ensayos, informes anuales, programas de la
escuela de cine) en un libro titulado La escuela documental
de Santa Fe, señaló su preexistencia a los
proyectos de cine. De alguna manera había que hacer
un Instituto a través del cual realizar el cine que
ansiaban.
Los inundados (1961) es la historia tragicómica
de algunas familias de la norteña provincia de Santa
Fe, Argentina, damnificados por las inundaciones que cíclicamente
se abaten sobre la región, pero se concentra ante todo
en lo sucedido a la familia Gaitán: Dolorcito, su mujer
Optima, varios hijos, y entre ellos la adolescente Pilar.
Desde la primera toma -de diversos objetos caseros que flotan-,
la película muestra su decisión de incluir humor
en la tragedia. Sin perder de vista la humanidad de sus personajes,
evita con cuidado convertirlos en prototipos de explotados
sociales, pero tampoco pierde de vista numerosas oportunidades
de satirizar a los políticos, al gobierno, a la burguesía
pretendidamente "solidaria", a la burocracia, y
hasta a sus propios personajes humildes.
Dolorcito despierta literalmente inundado: baja los pies
de la cama y se encuentra con que el agua invade la habitación.
Su mujer le reprocha, "Yo te lo decía...",
en el mejor estilo rioplatense de recriminación gratuita.
A partir de ese momento, se suceden las situaciones tragicómicas,
y lo que más se le agradece a la película es
su constante sentido del humor, a través del cual logra
criticar dicharacheramente los vicios sociales y políticos
referidos. El gobierno -en plena época electoral- promete
construir el "tajamar" ya otras veces prometido;
los candidatos explotan la desgracia de los "inundados"
en beneficio de su partido y elaboran discursos demagógicos.
Hay diálogos absurdos, como el del abogado Canuga cuando
intenta evitar la desocupación judicial de los vagones
de tren parados y convertidos por emergencia en casa-habitación.
Es aún más cómica la secuencia en que
Dolorcito ya no se despierta inundado sino en movimiento:
han prendido el vagón-casa a una locomotora y él
y su familia viajan con rumbo desconocido. Luego, la burocracia
enreda su madeja: se abre un expediente para investigar el
caso del vagón (ya célebre en todo el país,
gracias a los periódicos), y mientras tanto la familia
Gaitán no puede regresar a Boca del Tigre, de donde
partiera.
Cuando al fin llega el expediente, ellos han empezado a
sentar raíces en el lugar en que han sido arbitrariamente
parados, y tienen nuevas amistades, y Dolorcito ha ganado
un juego de bochas. Otra secuencia antológica ocurre
cuando el jefe de estación, harto de los visitantes,
da salida al tren y Dolorcito debe correr y perseguirlo, mientras
hijos, esposa y perros lo animan en su carrera. De regreso
al pago después de la aventura, el paterfamilias reflexiona
en voz alta, con nostalgia: "Aquello sí que era
vida. Ahora vaya a saber pa' cuándo será la
otra inundación".
La película es un sabroso retrato de la cultura popular,
puntuado por sambas camperas de Ariel Ramírez y payadores
vernáculos. Sin embargo, Birri se encontraba más
cerca de su fresca experiencia italiana y la influencia neorrealista
(aunque en Italia el Neorrealismo hubiera perdido vigencia)
que del folklorismo tradicional. La película posee
un tono neorrealista, por el sector social originario de sus
personajes principales, por la escenografía "natural"
(aunque cuidada al detalle) y por el empleo de muchos actores
igualmente "naturales". Estos actores (mezcla de
actores profesionales, payadores y vecinos) cumplen su papel
a la perfección, asistidos por un guión preciso
y punzante, y por una fotografía espléndida,
y parecen en todo momento disfrutar las circunstancias humorísticas
compartiendo ese gozo con los demás.
Lo que distingue aquí a Birri de sus coetáneos,
a diferencia de otras películas sociales de la época,
es el calor humano con que se diseñan los personajes,
así como su voluntad de exhibir el carácter
aprovechado y pícaro de los mismos. Aunque todos viven
al borde de la excentricidad, no hay caricaturas, y el humor
no se produce sólo a costa suya, sino ante todo por
las situaciones vividas. Así, cuando la familia Gaitán
comienza a recorrer la República Argentina porque algún
burócrata ordenó sobre el papel el enganche
de su vagón, la situación es cómica pero
la burla se orienta hacia la burocracia. El otro blanco de
la crítica mordaz es la política, y hay abundantes
situaciones que dejan en claro la hipocresía de los
candidatos, así como el sabio escepticismo de los pobres.
La producción de este film fue totalmente marginal
respecto a la industria cinematográfica argentina;
se basaba en un cuento cuyo autor había muerto muchos
años antes, y dependió ante todo de la iniciativa,
el talento y la energía de Fernando Birri y sus colaboradores,
así como del apoyo sui generis de la Universidad Nacional
del Litoral.
*Fragmento de un ensayo inédito sobre el cine de Fernando
Birri y el de Leonardo Favio.
Jorge Ruffinelli es profesor en el Departamento de Español
y Portugues de la Universidad de Stanford, en California.
[Los autores de los documentales de la Escuela de Cine de
Santa Fe, mencionadoa arriba en el texto, fueron: Elena de
Azcuénaga, Edgardo Pallero, Juan F. Oliva, César
Caprio, Hugo Abad, Enrique Urteaga, José Ayala, Hercilia
Marino, Nelly Borroni, Edgar van Isseldyk y Fernando Birri]. |